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Conservación de aves esteparias

Conservación de aves esteparias

Conservación de aves esteparias

 

Lossistemas agrarios tradicionales, entendiendo como tales aquellos que se mantienen sin
un grado excesivo de intensificación, presentan una gran originalidad en el contexto
europeo. Resultan además muy valiosos por la notable compatibilidad que muestran con una
diversidad biológica y paisajística elevada.
Estos sistemas, comúnmente denominados “agroecosistemas” pueden ser definidos como
un conjunto de variables geográficas, ambientales y socioeconómicas que determinan la
existencia de unas prácticas agrarias a las que se asocia una biodiversidad propia de otros
medios naturales, pero que se ve favorecida por la existencia de estas prácticas.
Los agroecosistemas extensivos de secano están formados por tierras arables en relieves
llanos o suavemente ondulados, con un mosaico dinámico más o menos continuo de cereal,
leguminosas de grano y forrajeras, barbechos, pastos, eriales y a veces cultivos arbóreos.
Los cultivos de herbáceos son predominantes, e incluyen en su forma menos intensificada
ganadería extensiva de ovino que aprovecha, tanto los rastrojos de las siembras, como los
barbechos y pastizales intercalados.
Sin embargo, desde la década de los años 60 se ha venido produciendo una intensificación
de las actividades agroganaderas que ha implicado la sustitución de las prácticas
tradicionales, como la rotación de cultivos y los barbechos, además de la puesta en cultivos
de terrenos baldíos por su baja productividad, el uso de fertilizantes químicos y biocidas
(herbicidas, fungicidas, etc) y una acusada mecanización de las labores. Este conjunto de
cuestiones englobadas bajo la denominación de intensificación agraria parecen ser las
responsables del declive de las especies asociadas a los agrosistemas extensivos.
Tierra de Campos se caracteriza por la dominancia prácticamente total del cereal en
secano, con la presencia de escasas extensiones de leguminosas en secano y
ocasionalmente, pastizales de descarga. Este paisaje, presenta unas características en
cierto modo similares a los ecosistemas de “estepa” propios de las extensas llanuras
euroasiáticas donde la vegetación clímax consiste en herbazales que crecen sobre suelos
muy fértiles. De este modo, las comunidades animales que habitan las llanuras cerealistas
de Tierra de Campos son muy similares, salvando las distancias, a las de estos ecosistemas
propios del norte de Asia y noreste de Europa, por lo que reciben frecuentemente el nombre
de “estepas cerealistas”.

Los sistemas agrarios tradicionales, entendiendo como tales aquellos que se mantienen sin un grado excesivo de intensificación, presentan una gran originalidad en el contexto europeo. Resultan además muy valiosos por la notable compatibilidad que muestran con una diversidad biológica y paisajística elevada.

Estos sistemas, comúnmente denominados “agroecosistemas” extensivos de secano están formados por tierras arables en relieves llanos o suavemente ondulados, con un mosaico dinámico más o menos continuo de cereal, leguminosas de grano y forrajeras, barbechos, pastos, eriales y a veces cultivos arbóreos.

Los cultivos de herbáceos son predominantes, e incluyen en su forma menos intensificada ganadería extensiva de ovino que aprovecha, tanto los rastrojos de las siembras, como los barbechos y pastizales intercalados.

Sin embargo, desde la década de los años 60 se ha venido produciendo una intensificación de las actividades agroganaderas que ha implicado la sustitución de las prácticas tradicionales, como la rotación de cultivos y los barbechos, además de la puesta en cultivos de terrenos baldíos por su baja productividad, el uso de fertilizantes químicos y biocidas (herbicidas, fungicidas, etc) y una acusada mecanización de las labores. Este conjunto de cuestiones englobadas bajo la denominación de intensificación agraria parecen ser las responsables del declive de las especies asociadas a los agrosistemas extensivos.

La distribución de las "estepas cerealistas" en Europa es relativamente amplia, las mayores superficies se localizan en España, principalmente en la Cuenca del Duero, que alberga una de las comunidades de aves esteparias de mayor interés en toda Europa. Si se considera un total de 17 especies de aves esteparias presentes en la península ibérica, todas ellas excepto la terrera marismeña (Calandrella rufescens), se encuentran presentes como nidificantes en esta zona geográfica. Algunas de ellas, como la avutarda o el aguilucho cenizo conservan en este territorio las poblaciones más numerosas de la Península y una de las mayores densidades de Europa.

Además de las aves encontramos especies de invertebrados, plantas vasculares y otros vertebrados como los mamíferos, anfibios y reptiles amenazados que se ven representados en este hábitat de origen antrópico.

Con este proyecto se pretende contribuir a la conservación de las aves esteparias en la Comunidad de Castilla y León, mediante el desarrollo de prácticas de custodia del territorio, incorporando criterios de biodiversidad, estableciendo un programa de medidas beneficiosas para las aves en la política agrícola a nivel local, particularmente en el ámbito del desarrollo rural.

Para la elección de especies indicadoras se ha tenido en cuenta el estado de conservación y la responsabilidad en conservación a nivel europeo, considerando a las aves esteparias incluidas en el Anexo I de la Directiva Aves (Directiva 79/409/CE Conservación de las Aves Silvestres) presentes dentro del territorio de trabajo, y que están directamente relacionadas con los ambientes agrícolas.

El proyecto pretende asentarse en la resolución de los principales problemas, identificados previamente, a los que se enfrentan las especies indicadoras elegidas, planteando medidas ajustadas a la realidad socioeconómica y ambiental de la zona y buscando la forma de relacionar las ayudas de los Planes Regionales del Desarrollo Rural con una conservación efectiva de las aves esteparias y los ecosistemas que representan.